Por Oscar Müller Creel

El 24 de febrero de 2018 el presidente de México, Enrique Peña Nieto, se presentó en el Campo Militar Marte, de la ciudad de México, acompañado de los altos mandos de las fuerzas armadas; llegó hasta la explanada en donde se encuentra el asta bandera donde después de los actos protocolarios, se dio inicio al desplazamiento del enorme lienzo cuyos colores y figuras representan a la nación mexicana, pero al irse desplazando, se fue haciendo evidente que algo estaba mal: el escudo con el águila devorando a una serpiente sobre un nopal, se encontraba al revés. El gesto del presidente Peña, decía mucho, en un principio reflejó sorpresa, pero mientras se evidenciaba la imagen volteada del escudo, también se pudo percibir temor e inseguridad, acentuados cuando el lienzo llegó a la altura de los 100 metros del asta y ya no había duda sobre el hecho: las fuerzas armadas de México estaban dando un mensaje simbólico al titular del ejecutivo, cuya administración se vio hundida en los abusos y la corrupción.

Aún queda la duda sobre cuál fue el mensaje, pues la bandera izada al revés puede tener múltiples significados: desprecio hacia el lábaro y lo que representa o rendición de la plaza, aviso de auxilio por amotinamiento o que la plaza ha sido tomada por el enemigo. Lo que fue evidente es que las fuerzas armadas estaban dando un mensaje al presidente y este no significaba sumisión, sino todo lo contrario.

Desde mediados de la última década del siglo pasado, y bajo un esquema de ilegalidad simulado, las fuerzas armadas han sido involucradas en el combate al crimen en México, lo que es una función que se separa de su principal misión que es la salvaguarda del país contra amenazas a la seguridad exterior.

En el gobierno encabezado por Vicente Fox, esta tendencia se reflejó al incluir dentro de los altos mandos en la Procuraduría General de la República a militares, empezando por el propio titular de la dependencia el General Macedo de la Concha.

 Fue en el siguiente sexenio, cuando Felipe Calderón, sacó a los militares definitivamente a las calles de México, con consecuencias desastrosas que aún estamos viviendo, pues en el gobierno de Peña Nieto se continúo con las mismas políticas ineficientes de combate al crimen organizado y, bajo presión del ejército, este último presidente trató de impulsar una ley, a todas luces inconstitucional y surgida desde las fuerzas armadas, la que terminó en el fracaso cuando su adecuación con la constitución fue analizada por la Suprema Corte, que la anuló.

Fue en este último período cuando se izó la bandera al revés y muy posiblemente el ejército daba a entender su inconformidad con el uso de combate al crimen a que era sujeto.

En este nuevo gobierno, el presidente López Obrador ha tratado de templar las cosas de una manera incorrecta, pues...

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CRÉDITO DE LA IMÁGEN:MARIO JASSO /CUARTOSCURO.COM